Un sistema electoral está compuesto por instituciones electorales, las cuales
son marcos formales e informales que establecen las reglas del juego electoral y sus consecuencias. En otras palabras, las instituciones y la institucionalidad electoral estructuran al sistema y en conjunto con los actores políticos
y sociales, se dota de la organicidad político-institucional necesaria para su
permanencia (Vallès y Bosch 1997).
Uno de los elementos clave dentro de cualquier entramado institucional lo
constituye el sistema electoral. Los sistemas electorales además de cumplir
con el objetivo de la designación de los cargos que van a ejercer el poder
político de una comunidad, llevan consigo una serie de funciones más o menos explícitas que pueden ser sintetizadas en tres: producir representación,
producir gobierno y ofrecer legitimación (Vallés y Bosch, 1997: 16). Además
se debe tener en cuenta que los sistemas electorales influyen sobre otros
elementos del sistema político.
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